Aprendiendo historia a través del arte. Nuevas propuestas educativas

Si hay algo que a la mayoría de los niños les cuesta desde pequeños, es interiorizar la enorme cantidad de datos que la Historia Universal nos ofrece. Pero, como todo sabemos, para entender nuestro presente, así como la razón de ser de nuestros hábitos culturales, hemos de conocer nuestro pasado. De ahí que estudiar Historia en el colegio e instituto sea fundamental para una buena formación de nuestra sociedad.

No obstante, salvo si es vocacional, esta asignatura pueda convertirse en un auténtico calvario, concretamente para aquellos cuya relación con las letras no esté especialmente consolidada. Se tratan de amplios contenidos, libros gruesos y enormes manuales cuyo estudio se ha convertido un auténtico hándicap para los profesores. Pero, si estudiar Historia es algo de lo que, por ningún motivo, podemos deshacernos debido a su gran utilidad, pese a que muchos lo pongan en tela de juicio, ¿de qué manera podemos abordar dicha asignatura de un modo más ameno y no tan estrictamente narrativo?

Muy simple; a través del arte. Afortunadamente, contamos con pinturas, esculturas, así como edificios emblemáticos que narran la historia de la humanidad mejor que muchos textos recogidos en libros escolares. Disponemos desde pintura histórica (mundial y nacional), pintura mitológica, que narra las bases la cultura griega y romana, pintura religiosa, que nos presenta los grandes acontecimientos acecidos bajo el yugo de la iglesia (inquisición, conquistas, caridad), así como un sinfín de géneros que nos proporcionan gran cantidad de datos e información.

De este modo, resulta muy importante introducir, desde muy temprana edad, a los estudiantes en el mundo artístico, en pos de obtener el máximo beneficio cultural, escapando del tan solo uso contemplativo de las obras de arte. Así pues, los colegios, institutos y museos se convierten en los mejores aliados de este nueva propuesta educativa, un sistema en el que la imagen impera sobre el texto, lo cual no nos resulta extraño en la era en que vivimos. La era de la imagen, de la cultura visual, en la que los medios de masas hacen uso masivo de la misma para crear mayor impacto y, por ende, mayor efectividad.

En este sentido, nuestro país cuenta con destacados museos a nivel mundial, como es el caso del Museo Nacional del Prado, El Museo Thyssen-Bornemisza, o el Museo Carmen-Thyssen de Málaga, entre otros. Mi alusión a estas tres entidades culturales no es casual; se tratan de museos cuyas colecciones recogen pintura y escultura cuya temática aborda temas históricos, mitológicos y costumbrista, es decir, la base de nuestra cultura occidental.

En el Museo del Prado, por ejemplo, podemos encontrar información sobre la Guerra de la Independencia Española (por citar un acontecimiento destacado de España) a través de la serie pictórica “Los desastres de la Guerra”, de Francisco de Goya . Estas obras relatan la desdicha e injusticias a la que los españoles fueron sometidos durante la guerra contra la invasión francesa que tuvo lugar entre 1808-1814.

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Los fusilamientos del 3 de mayo (1814),  Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado

Pero también podemos contemplar y disfrutar de algunos ejemplares que dan cuerpo y forma a milenarios mitos griegos que han llegado hasta nuestro días. Ejemplo de ello es el mito de Dánae recibiendo la lluvia de oro , de cuya historia disponemos de una preciosa pintura de la mano del pintor renacentista italiano, Tiziano .

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Dánae recibiendo la lluvia de oro (1553), Tiziano. Museo Nacional del Prado

En el Museo Carmen Thyssen de Málaga, por otro lado, podemos disfrutar y acceder a una gran cantidad de cuadros del siglo XVIII, XIX y XX, los cuales plasman a la perfección cómo era el pasado de nuestra nación: las costumbres, los estereotipos sociales, las vestimentas, la arquitectura, e incluso el clima. Se tratan de maravillosas pinturas que, sin esfuerzo alguno, nos trasladan siglos atrás para hacernos conocedores de un pasado que, a través de ellas, aún sigue latiendo con fuerza. Así pues, encontramos obras como Emboscada a los bandoleros en la cueva del Gato, de Manuel Barrión y Carrillo , que recoge el momento en el que unos bandoleros, personajes tan típicos de la España del siglo XIX,  son apresados por la Guardia Civil;

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Emboscada a los bandoleros en la cueva del Gato (1869), Manuel Barrión y Carillo. Museo Carmen Thyssen de Málaga

o escenas en las que las fiestas nacionales o la mujer española, por ejemplo, son testimonio directo de una época en la que el flamenco, el trabajo jornalero, el sol y la naturaleza, eran los protagonistas cotidianos.

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En la feria (1886), Rafael Arroyo Fernández. Museo Carmen Thyssen de Málaga
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Bailando (1889), Manuel Cabral Aguado Bejarano. Museo Carmen Thyssen de Málaga

Como vemos, estudiar Historia a través del arte es una manera más amena y divertida de abordar los acontecimientos de nuestro pasado, especialmente si nos referimos a niños, a quienes les cuesta interiorizar gran cantidad de datos y fechas. Somos herederos de una espectacular cultura artística, de la cual deberíamos sacar el máximo partido, no sólo como mencioné anteriormente, desde un punto de vista contemplativo, sino desde una perspectiva educativa, que ponga en conexión una disciplinas con otras y, por tanto, hagan del estudio escolar una aventura textual y visual.

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