Arte ausente en las aulas y unas peores expectativas de futuro.

¿Eres de los que piensa que la enseñanza del arte en las aulas de Educación Primaria y Secundaria es algo innecesario para los alumnos? Este artículo te explica los riesgos que esto conlleva en lo que a libertad de expresión, pensamiento crítico y explotación de talentos se refiere respecto a las generaciones venideras.

El sistema educativo español actual ofrece una oferta académica basada, principalmente, en los dos grandes bloques que siempre la han caracterizado: el conocimiento lógico-matemático, por un lado, y el lingüístico, por otro. De este modo, asignaturas como matemáticas, física y química, aquellas relacionadas con las ciencias y, por supuesto, Lengua Castellana, son los pilares fundamentales que el sistema exige para la superación de los diferentes cursos académicos.

Sin embargo, ¿qué ocurre con las asignaturas relacionadas con las artes? ¿Por qué un alumno que es sobresaliente en dibujo pero flaquea en matemáticas es considerado como un mal estudiante? Puede parecer una simple pregunta, pero lo cierto es que esta cuestión alberga mucha más importancia de la que piensan.

El hecho de que el sistema educativo español priorice con creces el conocimiento matemático-lingüístico, e infravalore  otras disciplinas como el arte o la educación física, por el ejemplo, genera en el alumnado una coacción directa de sus talentos innatos en pos de una continua frustración personal. Esto acarrea un alto índice de fracaso escolar, debido a ese sentimiento de “inutilidad” presente en los jóvenes, los cuales han sido educados bajo la premisa que de, para ser una persona exitosa, las ciencias exactas son la principal vía a tomar.

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Con esto no pretendo atacar a los conocimientos lógico-matemáticos, ni muchísimo menos. Es más, considero totalmente necesario que el alumno tenga derecho a acceder al conocimiento de todo tipo de disciplinas para un mayor enriquecimiento, no sólo intelectual, sino personal. Pero para que dicho enriquecimiento pueda dar sus frutos, no debemos olvidarnos de las denominadas “asignaturas secundarias”.

Los niños y, especialmente los adolescentes, atraviesan una de las etapas más complicadas de la vida. Tratan de autodefinirse así mismos, buscan su propia identidad y, lo más complicado, se hallan en la obligación de decidir a qué se dedicarán  el resto de sus vidas. Para ello, los docentes tienen que motivar al alumno y qué mejor manera de hacerlo que a través de un sistema que les brinde  la oportunidad de conocer cuáles son sus verdaderos talentos.

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Un alumno que al que le apasione el arte y el deporte tiene el mismo derecho a que se le reconozcan sus virtudes como otro que sobresalga por sus aptitudes en física o química. Y no importa si el primero odia ésta última disciplina. Lo realmente importante es que si el alumno se siente valorado,  por parte de sus profesores y compañeros, por lo que es capaz de llegar a conseguir a través del arte y del deporte, éste gozara de la motivación necesaria para comprender que sólo estudiando y aprobando TODAS las asignaturas podrá alcanzar su sueño de ser artista o deportista de élite y, de este modo, evitar el fracaso escolar.

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Por otro lado, e independientemente de la futura elección laboral y formativa de los jóvenes, la ausencia del arte en las aulas de primaria y secundaria conlleva riesgos que únicamente pueden subsanarse a estas edades. Con la enseñanza del arte, el docente de la asignatura NO pretende formar a futuros Leodarnos Da Vincis o Picassos.

El verdadero fin del arte es explotar al máximo esa capacidad crítica innata en toda persona al contemplar una obra artística. Te puede gustar más o menos la temática de la misma, su técnica e incluso su mensaje, pero con el simple hecho de poner el marcha tu capacidad intelectual para lanzar juicios de valor, el arte consigue su cometido. Además, es una herramienta divertida, deleitable y, sobre todo, reivindicativa, de modo que niños y jóvenes aprenderán a ser críticos con la sociedad que les rodea y, de este modo, evitar manipulaciones y conformismo a todos los niveles.

Asimismo, al presentar gran variedad de formas, materiales y posibilidades para su creación, el arte exprime al máximo la creatividad de los alumnos, así como su capacidad resolutiva, la cual podrán en práctica con posterioridad en cada uno de los ámbitos en los que se desarrollen. 

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Según el Informe PISA, España continúa ocupando las posiciones más bajas  en lo que a éxito escolar se refiere, frente a países como Finlandia o Noruega. Pero lo cierto es que este informe no tiene en cuenta, en absoluto, las circunstancias económicas y sociales de nuestro país. En los países nórdicos, gran parte del éxito escolar se debe a un nivel de vida medio-alto que permite a sus ciudadanos acudir continuamente a actos culturales como cine, teatro, ópera o exposiciones de arte.

Sin embargo, España lleva atravesando una crisis económica casi diez años, lo cual dificulta, cada vez más, que la mayoría de los españoles accedan a este tipo de actividades. De hecho, estudios llevados a cabo durante los últimos años, demuestran que un alto número de alumnos que aprueba con nota la primera y secundaria, proceden de familias con un nivel cultural medio-alto. Y que, por otro lado, los alumnos con peores resultados académicos proceden de familias más desfavorecidas.

Por tanto, si la clave del buen rendimiento de un alumno reside en su posibilidad de acceder a la cultura en general, ¿por qué el sistema educativo no ofrece dicha oportunidad a aquellos niños y jóvenes que, por circunstancias sociales y familiares, les es imposible acceder? El colegio y el instituto debería ser el puente ideal entre alumnos y conocimientos en general. No importa la procedencia, el estatus social y económico, la raza o la religión, todos y cada uno de ellos tienen derecho a disfrutar de las maravillas intelectuales que aportan el arte, cine, teatro, danza, lectura, música, etc. Se trata, en definitiva, de no denegar a nadie un derecho fundamental: el derecho a la cultura.

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De este modo, deberíamos replantearnos seriamente la importancia o prioridad que la sociedad española concede a las “asignaturas secundarias”. Resulta bastante triste el hecho de que el arte sólo se imparta, en la mayoría de los casos, como una asignatura optativa en Secundaria.

¿Queremos cambios sociales? ¿Queremos cambios políticos? ¿Queremos que nuestras futuras generaciones sean aptas para dirigir nuestro país? Empecemos por la EDUCACIÓN, es decir, los cimientos de todo cambio.

 

 

 

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