El arte del Kintsugi: rompernos y hallar la belleza en nuestras cicatrices.

¿Alguna vez has oído hablar del arte del Kintsugi? Ésta modalidad artística se basa en la reparación de cerámicas las cuales han sido fracturadas  a propósito, con el fin de alcanzar su máxima belleza a través dichas fracturas bellamente restauradas.

Pero, ¿de dónde procede esta tradición que para muchos aún resulta un tanto contradictoria? Nos remontamos a finales del siglo XV, concretamente al palacio japonés de Ashikaga Yoshimasa. En este lugar, cayeron al suelo las dos tazas de té preferidas del general, de modo que, inmediatamente, éste las envió a un artesano para que las reparara. No obstante, el resultado no fue el esperado por el alto cargo, de modo que reunió a los mejores artesanos de la isla para que llevaran a cabo su cometido. Sólo uno de ellos, anónimo, consiguió restaurar las tazas con unas magníficas lacas, las cuales colmaron a las piezas de tal belleza, que la reparación resultó ser mejor que los propios modelos originales.

belleza

Actualmente se ha comparado, en múltiples ocasiones, el arte del Kintsugi con la psicología humana. Y no es de extrañar, pues está claro que en algún momento (o varios) de nuestra vida, nos veremos obligados a sufrir grandes decepciones a nivel personal: emocional, familiar, físico, laboral o cualquier otra circunstancia que nos genere dolor.

belleza

Y ahora te preguntarás: “¿Qué tiene de bello sufrir una decepción cuyo acontecimiento probablemente jamás olvidaremos?” Muy fácil. El simple hecho de haberse dado situaciones adversas en tu vida, ya es un motivo de alegría. Estas complicaciones fueron, precisamente, los cimientos en los que ahora se sustenta tu YO, ese del que tan orgulloso te sientes y el que tanto tiempo te ha costado forjar e interiorizar.

belleza

 

Probablemente ahora resultes más atractivo/a a las personas (ya no sólo desde el punto de vista físico, sino intelectual y emocional) respecto a diez años atrás. Y son, precisamente, el sufrimiento ante la adversidad, la toma de decisiones difíciles, los desengaños de amistades y amores, la resignación ante ciertas situaciones y la lucha, ante otras, los que te han convertido en la persona a la que tanto admiran tus seres queridos.

belleza

Esa sonrisa, ese carisma, esa alegría contagiosa y ese afán  de superación diario, que tanto caracterizan a las personas realmente luchadoras, son los que configuran esa belleza que surge de las cicatrices, que nos hace humanos y, sobre todo, que nos ayuda a conocernos 100% a nosotros mísmos  y a querernos como nadie más lo hará.

Es fundamental conocer nuestra faceta más vulnerable para así explotar nuestros punto fuertes y trabajar sobre los débiles, con el fin no de convertirnos en superhéroes (sería imposible), pero sí de establecer una relación de cordialidad con estos últimos para así alcanzar un equilibrio contigo mismo. Castigarse continuamente por nuestros errores, por aquello que no podemos alcanzar o simplemente, por desgracias que tuvimos que afrontar, no cambiará absolutamente dicha condición. La solución se halla en el aprendizaje y el embellecimiento de esas “fracturas” para ofrecer al mundo la mejor versión de ti mismo.

belleza

Es bello ser humano, es bello errar, es bello aprender. Por eso, cuando vuelvas a encontrarte cara a cara con tus naufragios y cicatrices, plantéate qué tipo de relación quieres entablar con ellas: de vergüenza o de orgullo.

Te mereces ser feliz, presume de la belleza de tu experiencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *