ECOMUSEOGRAFÍA: una apuesta por el medioambiente desde el museo

De todos es sabido que gran parte de la actividad devastadora que atenta contra la integridad del medioambiente y que afecta a su naturaleza de manera irreversible, es aquella fruto de las acciones de las multinacionales y empresas dedicadas al sector energético (petróleo), al sector de la construcción y a los grandes almacenes, de los que el sistema capitalista de insaciable consumo es el principal abanderado. Por este motivo y, ante la extrema y delicada situación en la que se halla nuestro planeta, muchos famosos y caras conocidas han invertido parte de su fortuna en la investigación y concienciación de la sociedad para tomar medidas de cambio a bajo coste que, si fueran adoptadas por al menos la mitad de la población global, el medio ambiente experimentaría mejoras considerables.

En este sentido, cabe destacar la ardua labor de Leonardo di Caprio, Brad Pitt, Angelina Jolie, Natalie Portman, Cameron Díaz, Sting (ex cantante de Police), Bono (de U2) y Edward Norton, entre otros, quienes se han sumado a la causa ecológica y han lanzado un contundente mensaje de concienciación global a través de reportajes, actividades benéficas y donaciones, las cuales llevan a cabo en pos de un planeta sano, capaz de cicatrizar las actuales heridas que van en aumento con el paso de los años.

Pero no sólo los actores y cantantes más famosos del mundo han aprovechado su fama para hacer un llamamiento a todos los extractos sociales. Otros individuos, cuya profesión se caracteriza por suscitar en el espectador todo tipo de emociones, induciéndoles, incluso, a tomar partida de un ideal u otro, son los artistas. Desde su surgimiento hasta la actualidad, el arte ha mostrado la capacidad persuasiva que muchos personajes han deseado y no han podido alcanzar a través de la palabra.

De este modo, muchas son las personas que, a lo largo de los siglos, han empleado el arte como objeto para hacer gala de sus posesiones, lanzar mensajes políticos o, simplemente, como modo de entretenimiento y de ocio. Así pues, artistas del siglo XXI han querido hacer uso de su lenguaje visual y artístico como una herramienta de cambio, capaz de suscitar en el espectador sentimientos de culpabilidad y de concienciación respecto al medio natural del que somos partícipes.

En este sentido, destaca un importante número de obras de arte realizadas a partir de materiales reciclados, las cuales gozan de una belleza plástica y conceptual perfectamente equiparable a las técnicas tradicionales. En España, cada vez son más los artistas emergentes que encaminan su línea de trabajo hacia el arte reciclado, entre los que caben destacar figuras aún poco conocidas pero de gran talento artístico, como Jorge Castro Gómez, Rafael Arroyo Villemur, Carles Piera Claramunt o Albert Merino, entre otros. Se tratan de artistas cuya misión es la de ayudar al ecosistema, no sólo a través del mensaje que pretenden lanzar a la sociedad actual, sino mediante el uso de estos materiales en desuso y reutilizables que, dispuestos en perfecta concordancia, generan emociones en el espectador igualmente que las obras realizadas con materiales de primera mano.

Por tanto, de esta práctica salen beneficiados tanto el medio ambiente como la sociedad que en él interviene, pues, generando un arte respetuoso con la naturaleza, se genera, al mismo tiempo, un arte que satisface las necesidades de los espectadores, de manera que ecología y población, en este sentido, encuentran su perfecta armonía.

Tal ha sido el impacto de esta nueva tendencia artística, la cual goza de gran popularidad y aceptación social, que incluso se organizan, de manera anual, festivales y ferias de arte reciclado en las ciudades más importante del mundo. En el caso de España, es interesante destacar el Festival Drap Art, que se celebra desde hace catorce años en Barcelona y acoge a artistas consagrados y emergentes procedentes de la esfera nacional e internacional, cuyas creaciones responden a las premisas de ser elaboradas con materiales reciclados, o bien lanzar un mensaje de concienciación a través de soportes más modernos como el videoarte[1].

Pero, si el arte contemporáneo ya ha declarado la guerra a las prácticas humanas que atentan contra  la salud de nuestro planeta, una disciplina que también debería sumarse a la causa, la cual está íntimamente ligada a la actividad artística, es la museografía de vanguardia. Resulta contradictorio celebrar una exposición de arte reciclado y desarrollar todo un despliegue gráfico y publicitario que gire en torno a la temática ecológica, en un museo o centro en el que el consumo energético, por ejemplo, supera con creces los baremos adecuados establecidos, debido al uso continuado de luz artificial y de aparatos de regulación térmica. De este modo, encontramos en la museografía un nuevo campo de actuación en lo a que prácticas sostenibles se refiere.

Cuando pensamos en exposiciones de arte contemporáneo, nuestro cerebro nos remite automáticamente imágenes de grandes espacios iluminados, con obras de gran formato, espectacularidad y técnicas de muy diversa índole. Y estas características son recordadas, precisamente, debido a la intensa actividad publicitaria que ejercen sobre la sociedad actual los grandes museos y centros de arte contemporáneos más importantes del planeta: Tate Modern, Guggenheim de Bilbao, MoMA de Nueva York, etc. Son muestras en las que, aparentemente, se hace uso de enormes despliegues técnicos y energéticos, donde no hay cabida para el uso de recursos ecológicos.

Sin embargo, el hecho de que la mayoría de los museos del mundo no dispongan en sus salas de elementos arquitectónicos, energéticos y de papelería de carácter reciclado, no implica que esto sea un imposible.

Es cierto que, pese a que cada vez son más las personas que se posicionan en el bando ecológico, el grado de concienciación del ser humano respecto a la problemática ambiental deja mucho que desear. En este sentido, una de las causas principales que alejan a la población a adoptar energías alternativas, es el alto coste económico que supone la instalación de esta nuevas fuentes energéticas, coste que, a la larga, resulta muchísimo más rentable que la continua compra de gas butano cada dos semanas, por ejemplo.

De este modo, como mencionaba con anterioridad, si el arte es capaz de suscitar sentimientos de concienciación en una sociedad de consumo despiadada, el museo que lo acoge, también puede ejercer el mismo roll y convertirse en ejemplo a seguir por los visitantes que recorren sus espacios, visitantes en la mayoría de las casos con un nivel cultural medio-alto.

Si bien es una propuesta un tanto utópica que todos los museos del mundo adopten nuevas medidas de mantenimiento, estas nuevas prácticas podrían aplicarse, por ahora, a las exposiciones temporales. Pero, ¿de qué manera pueden contribuir los espacios expositivos al desarrollo sostenible de nuestro planeta? Muy simple. En el caso de las exposiciones temporales, éstas se caracterizan por el constante cambio espacial que sufren las salas que las alberga, de manera que paneles móviles, falsos muros y techos e iluminación, están sometidos a un continuo cambio estructural dependiendo del tipo de muestra que se celebre.

De este modo, dichos elementos arquitectónicos, por ejemplo, pueden sustituirse por otros realizados a partir de materiales reutilizados. Pongamos como ejemplo el pladur[2], material cuyo uso se ha generalizado considerablemente en el ámbito museográfico. Su fácil obtención, ligereza de su estructura, versatilidad y, a priori, buenas propiedades,  lo han convertido en el material más empleado en el montaje de exposiciones temporales. No obstante, si analizados sus componentes, hallamos más inconvenientes y riesgos de los que habríamos imaginado.

En primer lugar, pese a que el yeso no es un material inflamable, las capas de cartón que lo envuelven resultan un gran inconveniente a la hora de hacer frente a un posible incendio. Además, la fina capa de yeso que compone el pladur se desintegraría a los pocos minutos de exposición continúa al fuego, por lo que perderíamos dicha estructura arquitectónica en un espacio de tiempo limitado y, por tanto, las obras de arte que en él se hallaran suspendidas o bien cerda del mismo.

A su vez, la morfología de su estructura impide que la sala que se ha creado ex profeso para una exposición concreta, goce de un correcto aislamiento, por lo que, en el caso de haber muestras temporales con obras sonaras, la exposición permanente sufriría contaminación acústica y viceversa, lo que impediría el goce y disfrute de los espectadores. Asimismo, en caso de tratarse de una arquitectura efímera en cuanto a la creación de salas completamente aisladas, es decir, sin conexión espacial directa con el resto del museo, los paneles de pladur tampoco ejercerían una buena labor de regulación térmica, ya que, debido a la delgadez de la capa de yeso, sería necesaria la combinación de este material con otros cuya obtención se debe a la mezcla de materiales altamente contaminantes[3], como la espuma de poliuretano[4]. De este modo, esta sala provisional contaría con un microclima el cual sería subsanado a través de un mayor consumo energético del edificio.

En este sentido, una buena alternativa a los paneles de pladur, son los paneles de aglomerado de corcho, los cuales presentan no sólo beneficios ecológicos, sino unas propiedades óptimas para el buen mantenimiento del espacio expositivo. El corcho de dichos paneles puede obtenerse a partir de residuos triturados procedentes de elementos reciclables, como tapones de corcho usados, restos procedentes de la industria que trata dicho material, corcho bornizo y segundero procedente de la primera y segunda pela del alcornoque[5], etc. Asimismo, presenta propiedades ignífugas, de aislamiento térmico, acústico y anti vibratorio, lo que reduce el riesgo de rápida propagación del fuego en caso de incendio, buena climatización y aislamiento sonoro de la sala, y una estabilidad garantizada de las obras debido su fuerte fijación.

En caso de tratarse de ciudades o lugares donde la humedad es constante, el corcho puede combinarse, a su vez, con otros materiales 100% naturales que proporcionan un buen aislamiento de la humedad. Buen ejemplo de ello es el vidrio celular, creado a partir de polvo de vidrio cocido[6].

Pero no sólo las paredes, tabiques y falsos techos de las exposiciones pueden someter su morfología a alternativas sostenibles. El metacrilato[7], tan empleado para la fabricación de urnas y elementos constructivos cuyas características estéticas se asemejan al vidrio, también ha encontrado un buen sustitutivo ecológico. Cada vez son más las empresas y particulares que hacen uso de este material para el acristalamiento de ventanas, creación de maquetas, fabricación de muebles, publicidad luminosa, etc. Y no es de extrañar, pues algunas de las características del metacrilato, entre las que destacan su gran resistencia climatológica, transparencia del 92%, fácil manipulación, buen acabado y difícil rotura[8], lo han convertido en uno de los materiales más versátiles y prácticos del mercado actual.

En este sentido, los museos, centros de arte y galerías, han encontrado en esta materia prima una buena alternativa al frágil cristal que componían sus urnas y vitrinas años atrás, de modo que éste último ha caído en desuso (en el mayor de los casos) para dar paso a un material de igual aspecto pero con mejores propiedades en cuanto a resistencia y durabilidad en el tiempo se refiere.

No obstante, tal y como vengo defendiendo en el presente artículo, el siglo XXI es un siglo de cambios, donde la concienciación ciudadana y la adopción de medidas ecológicas, de menor o mayor impacto, han de ser las principales premisas a seguir. Así pues, la museografía de vanguardia, como he expuesto con anterioridad, presenta varios aspectos susceptibles al desarrollo sostenible.

Si bien comentaba la posibilidad de sustituir las placas de pladur por paneles de aglomerado de corcho, el metacrilato tiene los días contados en el mundo ecológico, debido a la toxicidad que emite su proceso de elaboración, así como la enorme cantidad de residuos acumulados que supone el desecho de este material, consecuencia directa de su imposibilidad de biodegradación. Tanto es así que, el equipo de investigación del Royal Institute of Technology de Estocolmo y científicos de la Universidad de Maryland han encontrado un buen material de sustitución del metacrilato[9]: la madera transparente ecológica[10]. Este hallazgo ha supuesto una auténtica revolución, pues se trata de un material reutilizable, biodegradable y más respetuoso con el medio ambiente en lo que a emisión de productos tóxicos y a acumulación de residuos plásticos se refiere. Además, presenta propiedades de mayor resistencia y aislamiento que el cristal y, por supuesto, supone una alternativa más saludable respecto al uso del contaminante metacrilato.

Por tanto, la ecomuseografía está de enhorabuena, pues no sólo sus falsas paredes y estructuras arquitectónicas efímeras pueden renovarse con fines de mejoras medioambientales. Las vitrinas, expositores y demás elementos transparentes necesarios para la articulación de un discurso museográfico también han encontrado una forma de apostar por la sostenibilidad, rechazando el uso del metacrilato, apostando por la madera transparente y, por qué no, volviendo al tradicional uso del vidrio, material 100% natural.

Sin embargo, el aspecto más complicado de tratar de un museo, desde una perspectiva ecológica, es el consumo energético de sus instalaciones. Cierto es que la adopción de energías renovables, como la solar o la eólica, es una práctica cada vez más extendida en la sociedad actual, aunque demasiado escasa en el mundo museístico. De igual modo, suponiendo que los centros culturales adoptasen estas medidas, no debemos olvidar el cometido de estas instituciones: conservar, proteger y exhibir obras de arte. Esto implica que, para que las piezas que componen sus fondos se conserven en óptimas condiciones, se haga uso de algunos aparatos tecnológicos cuyo funcionamiento supone un mayor consumo energético.

No obstante, adoptando las medidas anteriormente expuestas, la museografía de vanguardia contribuirá en gran medida, a reducir la contaminación medioambiental, a iniciar una corriente innovadora ecológica en lo que sistema de construcción se refiere y, por supuesto, a la concienciación de la sociedad actual.

Referencias Bibliográficas

[1] Página Web Oficial del Festival Drap Art: http://www.drapart.org/es/drap-art-barcelona/drap-art16/ Fecha de consulta: 15/11/2016

[2] Placa de yeso laminado ubicada entre dos capas de cartón, de manera que el yeso y la celulosa son los principales materiales que lo componen. Suele emplearse para la fabricación de tabiques interiores y revestimientos de techos y paredes y, por regla general, se recubre de pintura para un mejor acabado.

[3] Consulta realizada en el portal web: CONSTRUMÁTICA: Metaportal de Arquitectura, Ingeniería y Construcción. http://www.construmatica.com/construpedia/Espuma_de_Poliuretano  Fecha de consulta: 16/11/2016.

[4] Material artificial y sintético resultado de la mezcla de Isacionato y poliol, componentes obtenidos a partir de procesos realizados con azúcar y petróleo.

[5] DE MENA, J.; “Materiales aislantes fabricados con productos reciclados”, Artículo Digitalizado, publicado en www.mimbrea.com por Javier de Mena, Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Madrid, Máster en Arquitectura y Urbanismo Sostenibles por la Universidad de Alicante y experto en Eficiencia y Certificación Energética.  http://www.mimbrea.com/materiales-aislantes-fabricados-con-productos-reciclados/  Fecha de consulta: 16/11/2016

[6] El vidrio celular se obtiene tras fusionar polvo vítreo procedente, normalmente, del reciclado del vidrio blanco. El polvo de vidrio se esponja a través de procesos termoquímicos, creándose burbujas de vacío parcial y, obteniéndose un material de muy baja conductividad térmica. Se trata de uno de los mejores aislantes térmicos y húmedos sostenibles.

[7] Monómero utilizado para la creación del Polimetilmetracilato, cuya fórmula química responde a C5H8O2. Se presenta a temperatura ambiente como un líquido incoloro, similar al agua, aunque muy tóxico e inflamable.

[8] MOLINERO MARTÍNEZ, L.; “Nuevos materiales y soportes: Metacrilato”, Artículo Digitalizado, P. 13.

[9] “Madera Transparente: el futuro de la energía solar y la arquitectura eco”. Artículo Digitalizado y publicado en el Portal Web: Ecología verde: desarrollo sostenible para un mundo mejor http://www.ecologiaverde.com/madera-transparente-futuro-la-energia-solar-la-eco-arquitectura/ Fecha de consulta: 21/11/2016.

[10] La madera transparente se obtiene sometiendo dicho material a dos procesos de actuación: en primer lugar, se hierve la madera en un baño con agua, sosa cáustica y otros componentes químicos para eliminar la lignina, el polímero que proporciona el color marrón. En segundo lugar, se añade resina epoxi entre las estructuras celulares incoloras restantes para aumentar su capacidad de resistencia.

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