Carta a las personas leales y fieles que alguna vez sufrieron la infidelidad.

Pese al título del presente artículo, estaría bien mencionar que esta carta no sólo va dirigida a esas personas fieles y leales a su pareja, sino también a esas personas infieles que tanto daño han causado (y causan) en la vida de sus semejantes.

Para empezar, me gustaría destacar las conclusiones a las que se llegaron recientemente a través de diversos estudios estadounidenses. Una de ellas sostiene que la infidelidad, especialmente la masculina, pues es la más extendida, tiene lugar con tanta frecuencia debido a su genética natural. ¿Esto qué significa? Como todos sabemos, la especie humana procede del mono, un animal que, como cualquier otro, se guía por sus instintos tanto para su supervivencia como para su reproducción.

Los primeros homínidos, en ese afán de continuar con la especie humana, procreaban con un gran número de mujeres sin tener en consideración aún ningún tipo de vínculo afectivo. Dicho instinto reproductor, probablemente, continúe latiendo con fuerza entre el ser humano, motivo que desemboca en lo que ahora conocemos como infidelidad. Y ésta es, precisamente, una de las hipótesis más sostenidas en base a la cual se apoyan muchos estudiosos del tema que acontece.

Hasta ahí bien pero, mi pregunta es la siguiente ¿acaso no son suficientes millones de años de evolución para que el ser humano (lo contrario a animal) controle sus más bajos y antiguos instintos sexuales? E incluso, independientemente de la existencia de esta “necesidad” descontrolada hoy en día, ¿acaso el ser humano no se diferencia de los animales por ser cívico, moral, emocional e inteligente? En resumidas cuentas, ¿tanto miedo tiene la persona infiel a quedarse sola que prefiere mentir y, en caso de ser descubierta, herir los sentimientos de su compañerx de vida?

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A priori parecen preguntas de lo más simples, pero lo cierto es que, a día de hoy, nadie tiene una respuesta exacta para ellas.

Pero, afortunadamente, pese a que un alto por ciento de hombres y mujeres sean infieles, existen personas cuyos valores de lealtad y fidelidad se convierten en su bandera ondeante.

A esas personas que, pese a su gran corazón y entrega, han tendido que sufrir en sus carnes la traición de la mentira, va dirigida la siguiente carta, sencillamente, porque os la merecéis.

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Me gustaría empezar el escrito dándoos las gracias por existir. Sois la prueba más perfecta y evidente de que, en un mundo en el que la apariencia y el engaño destacan por encima de todo, aún hay esperanza en el ser humano. Ese que duerme cada noche con la conciencia tranquila por ser una persona transparente como el agua, fiel, leal y natural. Y, lo cierto, es que me parece realmente triste tener que dar las gracias a las personas de esta condición, pues debería ser lo normal y común.

En segundo lugar, no os desaniméis y por supuesto, jamás os replanteéis vuestra valía. Considéradlo como una experiencia de aprendizaje, la cual os ayudará a conoceros aún más a vosotros mismos y, por supuesto, a saber distinguir a la perfección lo que no queréis en vuestra vida de aquí en adelante.

Es obvio que sufrir una infidelidad o cualquier mentira dolorosa por parte de la pareja puede convertirse en un hecho realmente traumático pero, ten en cuenta que si tú existes en este mundo, con tus valores e ideales, puedes estar seguro de que más gente como tú también se abre hueco entre la inmensidad. Lo único que tienes que hacer es darte tiempo para sanar las cicatrices, y cuando seas una persona completamente nueva y con ganas de comerse el mundo, es decir, cuando seas TÚ de verdad, atraerás lo bueno de la vida.

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Por otro lado, si eres una persona empática, deberías empezar por controlar tus emociones. ¿Acaso ser empático es malo? Para nada, al contrario, es un privilegio del que muy pocos gozan y que los hace únicos. No obstante, nuestra sociedad, como ya sabéis, se haya un tanto corrompida por las redes sociales, la publicidad, el maltrato humano y animal, las guerras, la política y un largo etcétera, lo que indica que estaréis en total desacuerdo e indignación con muchas de las prácticas que hoy en día se llevan a cabo.

Por tanto, si sientes empatía por aquello que no te afecta de manera directa,  ese sentimiento se incrementa con creces cuando se trata de un ser querido. Esto te impulsa, tanto a nivel familiar como de pareja, a ser el apoyo principal de cualquiera que atraviese un mal momento. Te entregas al 100% con tal de sacar una sonrisa a esa persona especial y un 200% en ese intento de atajar un problema que ni te pertenece ni te incumbe.

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Si has actuado así con tu pareja y aún así, has recibido mentiras o actitudes para nada correspondidas a cambio, no te sientas mal. Tienes mil motivos para pasar página con la cabeza bien alta, con la tranquilidad de saber que has hecho todo cuanto estuviera en tu mano para que aquello funcionara sanamente. Y, sobre todo, disfruta del consuelo de saber que cuando a esa persona le fallen (que le fallarán) la primera imagen que se le vendrán a la mente será la tuya, porque sólo tú tuviste las agallas suficientes para darle la lección de moralidad que tanto necesitaba.

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Además, en esta vida de estrés y rapidez a la que diariamente nos vemos sometidos, tienes que ser prácticx y pensar fríamente en lo siguiente: “¿Sé el momento en el que desapareceré de este mundo?”. Puede resultar un poco macabro, pero lo cierto es que no sabes cuando dejarás de existir. Puede ser dentro de 80 años (ojalá) o antes. Y debe ser en ese preciso instante de reflexión cuando caigas en la cuenta de que no has venido a esta vida para sufrir. 

Eres una persona extraordinaria, maravillosa, fiel, leal, empática y te mereces lo mejor.  A veces las cosas pasan, sencillamente, porque tienen que pasar. No te culpes por haber podido evitar la situación, son aspectos de la vida que se nos escapan de las manos por completo.

Limítate a desechar lo que no te conviene en tu día a día y, por supuesto, a caminar feliz y orgullosa de ser la persona que eres, porque tu no has hecho nada malo, al revés, eres todo cuanto cualquiera desearía en su existencia.

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Como dijo el poeta Danns Vega:

“La fidelidad es un acto de respeto hacia tí mismo”.

 

 

 

 

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