Ser profesor, ¿una profesión desvalorizada por la sociedad?

¿Alguna vez han escuchado el refrán: “El que sabe, sabe, y el que no, enseña”? Pues bien, me gustaría saber quién fue el artífice de dicho refrán popular, porque, si saco alguna idea clara del mismo, es, precisamente, el hecho de que el autor no es profesor y que no ha pisado un aula en su vida. Constantemente se habla acerca de las profesiones con mayor o menor dificultad en el panorama laboral, y, en ese sentido, medicina, ingenierías, y todo aquello relacionado con las ciencias son las que ocupan los primeros lugares en el ranking.

profesor

Sin embargo, ¿por qué la profesión de profesor nunca aparece mencionada? ¿Qué le hace pensar a la sociedad que un trabajo en el que se requiere formación universitaria, post-universitaria, pedagógica, psicológica y, lo más importante, en el que se trabaja con personas, es una profesión fácil no digna de alcanzar  los primeros puestos del ranking? Pues bien, yo tengo la respuesta: el desconocimiento y los cambios sociales.

Si hay algo de lo que no cabe duda alguna, es el hecho de que, en apenas cien años, e incluso menos, la sociedad ha avanzado a pasos de gigante. Dicha evolución ha tenido lugar en todas y cada una de las vertientes sociales,  lo que ha inferido, inevitablemente, en el ámbito educativo, ámbito que se ha visto modificado no sólo desde el punto de vista tecnológico, sino también desde el punto de vista social.

Tecnológico, porque el desarrollo de nuevos aparatos electrónicos ha dado lugar a la irrupción sin precedentes de la era de la tecnología, y, social, porque la incorporación de la mujer al mundo laboral ha generado todo un cambio de consciencia en el panorama escolar. Ahora, el colegio asume roles de índole no sólo instructivos sino también educativos, con el fin de evitar ese “vacío” educacional que, en muchas ocasiones, se produce en determinadas familias por la incompatibilidad de los padres para compartir tiempo con sus hijos.

Pero, si hace apenas 30 o 40 años, los maestros y profesores gozaban del respeto de toda la sociedad, estando la mujer presente aún en el hogar familiar y, por tanto, participando activamente en la educación de sus hijos, ¿qué ha ocurrido, en la actualidad, para que, pese a asumir el papel de educador, el docente se haya visto fuertemente desprestigiado y desvalorado por la población?

Puede que una de las principales causas de este fenómeno hayan sido las numerosas leyes, con sus respectivas modificaciones, referidas a la protección y amparo del menor, que desde 1996 se han legalizado. Estas leyes, de vital importancia para el correcto y justo desarrollo de los niños y adolescentes, también han generado grandes cambios en el panorama educativo. Así pues, tocar a un alumno (de cualquiera de las maneras), por ejemplo, está totalmente prohibido. Se tratan de medidas que han generado una fuerte concienciación social, las cuales han desembocado en una sensibilización extrema respecto al niño. De este modo, una voz más alta de lo normal de un profesor hacia una clase cuyos alumnos generan gran alboroto y se muestran reacios al cumplimiento de las normas de convivencia, a veces puede malinterpretarse e incluso suponer un serio problema para el profesor que voceó al alumnado.

Pero, pese a todos estos cambios, lo cierto es que los profesores, para ser considerados unos profesionales como tales, han de presentar un perfil docente muy vocacional, complejo y elaborado. En este sentido, para ser un buen profesor no basta con dominar a la perfección los conocimientos de la materia. Es imprescindible disponer de las herramientas y conocimientos necesarios de pedagogía y psicología para, no sólo instruir al alumnado en la asignatura impartida sino, además, para conocerlo, comprenderlo y educarlo en unos valores dignos de cara a su futuro social y profesional.

Así pues, la diferencia entre impartir clases e impartir buenas clases, se basa en el hecho de que el profesor no sólo parta de sus conocimientos y de la actitud de sus alumnos, sino que dicho profesor tenga en consideración, a la hora de programar sus materias, las peculiaridades del alumnado. En pocas palabras, debe presentar una fuerte atracción y puesta en práctica, en el aula, de la atención a la diversidad.

Como ya sabemos, cada niño “es un mundo” en lo que a estilos de aprendizaje se refiere. Por este motivo, el empleo de recursos de diversa índole que contribuyan a una mejor asimilación de los contenidos, garantiza un mayor rendimiento y mayor calidad de la educación recibida. Pero, para llevar a cabo una buena elección de los recursos que se pondrán en práctica en el aula, el profesor debe identificar los obstáculos y problemas que puedan presentarse en clase. Sólo así podrá valorar y justificar la elección de las que considere las mejores medidas de atención a la diversidad.

Por otro lado, la base de una educación de calidad es la colaboración activa de todo el profesorado. Se están haciendo alusión, durante los últimos años, de la importancia del trabajo en equipo para alcanzar una mayor eficacia laboral y, el ámbito educativo, por su parte, no queda exento de dicha consideración. La implicación de todo el equipo docente genera en el aula un sentimiento de compromiso y responsabilidad que, de  manera inmediata, será trasmitido a los alumnos. Además, a colación con lo que venimos tratando, la transversalidad de unas asignaturas con otras supone una educación  basada en la lógica que tendrá numerosos beneficios a posteriori.

En este sentido, cobran especial protagonismo las denominadas metodologías activas, es decir, unos modelos de enseñanza basados en diferentes ámbitos de actuación: aprendizaje basado en proyectos, trabajos de investigación, trabajos con fines sociales, Flipped room o clases invertidas, etc. Se tratan de metodologías que, en muchas ocasiones, sustituyen a las tradicionales clases teóricas con el fin de explotar las competencias y aptitudes de los alumnos. Un buen profesor debe basar sus clases en la innovación constante, de manera que despierte en el aula esa curiosidad y motivación tan necesarias para una buena educación.

Pero, al igual que vengo mencionando la importancia de una buena preparación académica del profesor, no menos importante es la preparación y el estado psicológico del docente. Al tratarse de una profesión cuyo objeto de trabajo son personas, y cuyos valores transmitidos han de corresponderse con los valores modelo a seguir, el profesor ha de presentar buena estabilidad emocional, pues deberá enfrentarse a situaciones de todo tipo, las cuales les exigirá toda la entereza, templanza, neutralidad y comprensión del mundo. De este modo, el papel de docente como tutor de niños y adolescentes será el papel que más tiempo (por no decir en todo momento) deberá ejecutar con el fin de garantizar que sus alumnos se desarrollen de manera correcta en todos los ámbitos de sus vidas. El diálogo, la reflexión y la empatía deben estar presentes en el perfil de todo buen docente.

Por otro lado, al igual que se les exige a los alumnos el desarrollo de una serie de competencias, un buen profesor también ha de dominar las siguientes:

 

 

COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA

El profesorado deberá poseer un buen dominio del lenguaje, de modo que la comunicación con sus alumnos, tanto oral como escrita, sea lo más clara y concisa posible.
 

 

COMPETENCIA MATEMÁTICA Y

 

COMPETENCIAS BÁSICAS CIENCIAS Y TECNOLOGÍA

El profesor deberá presentar competencias matemáticas (si su disciplina se lo exige) pero, sobre todo, un buen dominio de las nuevas tecnologías, para poder incorporarlas en sus clases y, de este modo, actualizar sus metodologías de enseñanza (TIC).
 

 

COMPETENCIA DIGITAL

Dominio de las TIC y de los diferentes canales audiovisuales disponibles para la enseñanza y aprendizaje de los contenidos, así como para mantener el contacto y comunicación con los alumnos y sus familias.
 

APRENDER A APRENDER

El docente tiene que mostrarse constantemente inquieto y curioso, autoformándose, reciclándose e incluso aprendiendo de sus propios alumnos.
 

 

COMPETENCIAS SOCIALES Y CÍVICAS

Es fundamental que el docente ejerza una correcta labor tutorial, así como la incorporación de contenidos transversales en sus materias, con el fin de transmitir unos valores éticos y ejemplares a sus alumnos. Es decir, educar para la vida.
 

SENTIDO DE LA INICIATIVA Y ESPÍRITU EMPRENDEDOR

La iniciativa y el emprendimiento hacia nuevos retos, en el que la motivación, la innovación, la ilusión y el interés (por parte del alumnado) cobren fuerza, es una muestra evidente de la educación de calidad.
 

CONCIENCIA Y EXPRESIONES CULTURALES

El profesor debe ofrecer a los alumnos una educación basada, además, en la concienciación y el respeto hacia su historia, su pasado y su presente. Debe hacerles conocedores y partícipes de su cultura y contexto social.

 

Pero, si bien resulta de vital importancia que un profesor disponga o presente todo lo anteriormente expuesto, un aspecto fundamental que interfiere de manera decisiva en la educación de un alumno, es la involucración de la familia. El niño o adolescente debe sentirse respaldado y apoyado por sus principales referentes, sus padres. Respaldado en el sentido de que éstos muestren interés por la trayectoria académica de sus hijos, para, de este modo, tomar las medidas más acertadas al respecto (tanto positivas como negativas). De poco sirve la dedicación completa de un profesor si, por otro lado, no recibe colaboración de la familia. Y dicho interés maternal y paternal es, precisamente, lo que, en muchas ocasiones, diferencia a un buen alumno de un mal alumno.

Pero, por si fuera poco lo que se les exige y a lo que se exponen los profesores, a ello hay que sumarle las constantes polémicas y debates a los que enfrentan diariamente; multiplicidad de opiniones fruto del sistema educativo imperante en España. Una de ellas es si los niños deberían realizar tantos deberes en casa o si es justo que el futuro de un alumno dependa únicamente del resultado de una prueba puntual sin tener en cuenta todo el proceso educativo. Se tratan de aspectos que ya el profesor César Bona puso de manifiesto en una entrevista concedida a EL PAÍS (ver en el enlace). 

Sea como fuere, lo cierto es que nos enfrentamos a personas de escasa edad y, en el caso de Educación Secundaria, de personas en proceso de configuración de su identidad, las cuales hacen frente a multiplicidad de cambios fisiológicos, psíquicos y sociales propios de la adolescencia. Todos estos factores deben ser tenidos en cuenta si pretendemos que se produzca en buen rendimiento académico en nuestras generaciones más jóvenes.

El horario de comienzo de la jornada lectiva, por ejemplo, supone un grave problema para los adolescentes en lo que a concentración y rendimiento se refiere. Las clases dan comienzo a las 8.15 de la mañana, lo que implica que los alumnos se despierten, como mínimo, 40 minutos antes, es decir, a las 7:35. En el caso del Bachillerato, hay muchísimos estudiantes que deben trasladarse a otra localidad o ciudad para recibir sus clases, de modo que deben levantarse más temprano aún (7.00, por ejemplo). Las horas de sueño que un adolescente debe dormir para adquirir un buen descanso oscilan entre las 8 y 9 horas, por lo que éstos tendrían que irse a la cama alrededor de las 22 horas, lo cual todos sabemos que eso es literalmente imposible.

Como vemos, hay muchos temas objeto de debate respecto a la organización del sistema educativo. Pero no debemos olvidar que los docentes cumplen con lo legalmente establecido por el gobierno. Hay muchos aspectos que se les escapan, pese a que sean ellos las principales figuras reivindicativas que exigen mejoras del sistema.

Pero, pese a todo ello, es incuestionable la gran labor que llevan a cabo los profesores, esos profesionales que, además de presentar competencias científicas (aprender constantemente), metodológicas (saber hacer), sociales (saber estar) y personales (saber ser), se dejan la piel a diario por formar, instruir y educar a nuestras futuras generaciones, es decir, las generaciones del cambio. Devolvámosle la confianza, el valor y la dignidad que se han ganado a base de esfuerzo y sacrificio.

2 opiniones en “Ser profesor, ¿una profesión desvalorizada por la sociedad?”

    1. Muchas gracias por tu comentario Manuel. Me alegro de que el artículo haya resultado de tu agrado e interés. Espero volver a ver tus comentarios y opiniones en las próximas entradas 🙂

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